Un país pobre es el más feliz del mundo: Vanuatu

Si le damos credibilidad al Happy Planet Index publicado por la New Economics Foundation en el año 2.006, Vanuatu es el país más feliz del mundo. Se trata de un estado insular del sur del Pacífico donde sus habitantes viven de la pesca, la agricultura y el turismo. No tienen ejército, ni carreteras asfaltadas ni materias primas relevantes… y la esperanza de vida es relativamente corta, sólo 63 años. Incluso tienen dificultades para entenderse entre ellos, ya que el país tiene la mayor densidad de lenguas del mundo (200.000 personas hablan más de 100 lenguas distintas). Pues ahí les tenéis, tan contentos a pesar de sus limitaciones y carencias.

¿Cuál es el secreto de esta gente? Básicamente una vida basada en la comunidad, la familia y el altruismo. Una vida cuya únicas preocupaciones son los tornados y los terremotos. También contribuye a su felicidad un clima templado con mucho sol, una vegetación exuberante y una baja densidad humana por kilómetro cuadrado (17 habitantes).

Los promotores del estudio querían averiguar en qué medida debe intervenir el hombre en la naturaleza, con el consiguiente daño medioambiental, para crear unas condiciones adecuadas para la felicidad humana. La conclusión final es que dicha intervención debe ser mínima. Compárese la situación de Vanuatu con el pobre grado de felicidad de los países industrializados ricos, con todo su PIB, su oferta de ocio y consumo, esperanza de vida elevada, etc etc… (Por ejemplo, Estados Unidos aparecía en el puesto 150 del ranking)

La verdad es que debemos ser muy cautelosos con el Happy Planet Index, ya que muy probablemente debe de haber un sesgo importante en su elaboración (entre sus promotores encontramos a organizaciones como Friends of the Earth, Soil Association… ). Con esto quiero decir que los resultados del estudio apoyan de forma demoledora las tesis de ecologistas, decrecionistas y otros colectivos similares, lo cual hace preguntarnos hasta qué punto el diseño de la encuesta se ha realizado con fines partidistas. En cualquier caso somos muchos los que intuimos que no anda muy desencaminado…

Fuente: ¿Quién soy yo… y cuántos?, de Richard David Precht


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