Por qué es tan efectiva la propaganda (y cómo protegerte contra ella)

Un efecto muy curioso de la propaganda es lo que se denomina “efecto durmiente”, el cual consiste en que la influencia del mensaje propagandístico (que siempre busca afectar nuestra fibra sensible) aumenta con el paso del tiempo. Todo lo contrario ocurre con los argumentos racionales, cuyo carácter persuasivo disminuye con el tiempo.

Fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando descubrieron este fenómeno psicológico. El Departamento de Defensa estadounidense llevó a cabo diversos estudios para investigar cómo las películas propagandísticas funcionaban en la mente de los soldados. El objetivo de dichas películas era aumentar el patriotismo y “vender” la idea de la guerra. Pues bien, el resultado fue frustrante, ya que no consiguieron incrementar lo más mínimo el entusiasmo de la tropa. Lo que ocurrió fue que los soldados eran plenamente conscientes de que esos filmes, cuyo origen conocían, eran pura propaganda vacía de contenido.

Sin embargo, nueve semanas después, cuando los psicólogos evaluaron por segunda vez las actitudes de los soldados, descubrieron que los que habían visto la película expresaban más apoyo a la guerra que quienes no la habían visto. Dicho de otra manera: la propaganda funcionó… requirió un tiempo, pero cumplió sus fines. La explicación es que la fuente del mensaje (el Departamento de Propaganda en este caso) se olvida más rápidamente que el mensaje mismo, el cual se va apagando muy lentamente en el cerebro o incluso perdura. Este efecto también se manifiesta en la propaganda política, en la publicidad, etc.

¿Cómo protegerte de esta manipulación? Apuntad las siguientes recomendaciones:

– No aceptar consejos no solicitados, aunque parezcan bienintencionados
– Huir de fuentes contaminadas de anuncios
– Intentar identificar siempre el origen de los mensajes que se crucen en tu camino: ¿de quién son esas opiniones? ¿por qué piensan así? ¿a quién beneficia?

La verdad es que requiere mucha energía mental poner en práctica los consejos anteriores, pero según de qué se trate nos será más beneficioso pensar un poco que dejarnos llevar por las emociones…

Fuente: El arte de actuar (Rolf Dobelli), capítulo 19


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