Paga el precio que tú quieras (mi experiencia en un puesto de libros)

tenderete-libros
Imagen del tenderete… no diréis que no quedó mono.

Siempre he sido de la opinión de que la estrategia comercial de permitir al cliente fijar el precio del producto, en un país de listos y espabilados como España, es una auténtica temeridad. Pues mira por dónde, se me ha presentado la oportunidad de poner a prueba este prejuicio tan extendido. Os cuento la experiencia:

El pasado viernes, víspera del día del libro, el Ayuntamiento de Pinto organizaba un mercadillo de libros de segunda mano en el que se permitía a personas particulares, que previamente habían solicitado un puesto, vender su material en unas instalaciones municipales en el parque Egido. Nosotros nos apuntamos con la idea de sacar unas pelillas y dar salida a libros que teníamos en casa muertos de risa, pero no teníamos nada claro qué precios poner. Finalmente decidimos dejar que la gente decidiese cuánto pagar, lo cual fue bastante criticado por personas del entorno que pensaban que aparecerían unos cuantos avispados que aprovecharían para llevarse algún ejemplar por cinco o diez céntimos de euro, por ejemplo (yo mismo tenía serias dudas, lo reconozco). Pues bien, debo decir que el resultado final ha sido más que satisfactorio; no se ha producido ninguna situación de abuso y los precios ofrecidos han sido muy razonables. El menor precio ascendió a dos euros, y el mayor, seis. El total recaudado no llegó a 50 euros, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta que el emplazamiento no era el mejor del parque (no hubo mucha afluencia, la verdad) y que el mercadillo solo duraba dos horas y media.

Supongo que el miedo al qué dirán tiene más peso que la posibilidad de llevarte a casa un libro casi gratis. Para poder comparar hubiera estado bien comprobar cómo hubiera reaccionado la gente sin tener que hacer el pago en nuestra presencia, ubicando en algún rincón alguna caja donde depositasen discretamente el precio. En cualquier caso hemos podido constatar cómo la situación del “paga lo que quieras” ha sido en general un tanto embarazosa para los compradores, los cuales se sentían un poco abochornados al definir el precio final (el miedo a quedar como unos tacaños, no me cabe duda). Pero vergüenzas aparte, nos pareció que se fueron todos muy contentos con sus adquisiciones, que es lo que importa… ¿no?


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *