Las banderas que no verás en el barrio de Salamanca

Estos días estamos asistiendo a lo que llaman “revolución Borjamari”, una serie de protestas diarias contra el gobierno, en plena pandemia, cuyo epicentro es el privilegiado barrio de Salamanca de Madrid. Sus marchas exhiben una curiosa mezcla de cacerolas, coches de alta gama… y banderas patrias (como si apropiarse de símbolos nacionales diera más fuerza a sus argumentos). En realidad no es más que una pataleta de ricachones malcriados, disgustados porque no les dejan salir a tomarse el gin-tonic, pero nos quieren vender otra cosa. El caso es que lo de recurrir a la banderita para cualquier gilipollez ya huele… porque una cosa es defender la -supuestamente amenazada- integridad territorial del país y otra muy distinta defender un supuesto derecho a hacer lo que te salga de los cojones en un estado de alarma. Sin embargo, el trapo rojigulado es muy socorrido por suscitar emociones reptilianas entre los de la caverna y movilizarles. Que es de lo que se trata. Eso sí, existen una serie de trapos con escaso glamour -ver imagen- que no veréis en el barrio de Salamanca, unos trapos que también tienen su carga simbólica, aunque no lo parezca. Son esas otras banderas, exhibidas por aquellos que no pasan el confinamiento en chalets de lujo o pisos de 150 m2 con amplias terrazas. Banderas con una carga emocional bien distinta que evocan unas realidades más terrenales y cotidianas…


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