Un chiste genial para “entender” la vida

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tómbola
Ya lo decía Marisol, la gran filósofa malagueña… (imagen vista en no-redes.net)

Hoy voy a compartir con vosotros un chiste cargado de contenido filosófico (llamémosle “filochiste”) que me ha gustado mucho. Lo he sacado del estupendísimo libro “Platón y un ornitorrinco entran en un bar”, el cual explica las grandes cuestiones filosóficas a base de chistes ilustrativos. El que transcribo a continuación nos sirve para entender la distinción aristotélica entre las propiedades esenciales y las accidentales, pero creo que trata perfectamente otros asuntos filosóficos tales como el sentido e incertidumbre de la vida, por ejemplo. Por no hablar de las moralejas más o menos evidentes que se extraen del mismo…

Vamos con el chiste:

Cuando Thompson cumplió setenta años, decidió cambiar completamente su estilo de vida para vivir más años. Se sometió a una dieta muy severa, daba largas caminatas, nadaba y tomaba el sol. En tres meses, Thompson perdió 5 kilos, redujo 15 centímetros el perímetro de su cintura y aumentó 12 centímetros de pecho. Esbelto y bronceado, decidió dar el toque final a su aspecto on un corte de pelo deportivo. A la salida de la peluquería, le atropelló un autobús.

-¡Dios mío! -gritó cuando yacía moribundo-. ¿Cómo has podido hacerme esto?

– A decir verdad, Thompson -dijo una voz que procedía del cielo-. ¡No te he reconocido!


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