¡A nadie le interesa tu puta música!

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¡A nadie le interesa tu puta música!

¿Hasta los cojones de oír la música de los demás sin que hayan pedido tu permiso? ¡Enhorabuena! Eres un sufrido escuchador pasivo, que es como ser fumador pasivo pero sustituyendo el humo del tabaco por la mierda musical de terceros. Ejemplos los hay a patadas:

– En Navidad: Villancicos navideños por doquier sin posibilidad de escapatoria.

– En el transporte público: El mongolo de turno y su smartphone reproduciendo reggaeton a tope… o el mismo conductor, que resulta ser fanático del Fary y comparte de forma altruista su pasión con los pasajeros.

– En la vía pública: Explosión de decibelios a cargo de canis motorizados sin escrúpulos… (cuánto tonto y qué pocas balas)

– En el vecindario: Pues eso… algún vecino de refinado gusto musical decide hacerse notar…

– En los centros comerciales: Un sitio estupendo para aplicarse vía rectal una buena dosis de radiofórmulas.

– Algunos músicos callejeros: Me acuerdo de un tipo sonriente con un acordeón interpretando la enorme pieza clásica de “Los pajaritos”… y de un pobre diablo con una guitarra desafinada y su voz desgarradora (desgarrada, más bien) cantando “Knocking on heaven´s door”. Momentos que dejan huella…

Etcétera, etcétera, etcétera. A lo que vamos: El concepto de “escuchador pasivo”, en su sentido patológico, se lo debemos a Aldo Narejos, quien nos lo explica con su salero habitual en el siguiente vídeo:


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