¿El dinero da la felicidad?: La economía del comportamiento tiene la respuesta

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Parece que los psicólogos y los economistas se han empleado a fondo en las últimas décadas para dar una respuesta definitiva a una vieja pregunta: ¿El dinero da la felicidad?. La conclusión final es que el individuo, cuando parte de la pobreza, experimenta un incremento significativo en su felicidad al aumentar su riqueza. Sin embargo, al superar cierto límite, más dinero no supone mayor satisfacción (entraríamos en un punto de rendimientos decrecientes en cuanto a la felicidad adquirida). En este sentido, Richard Layard, experto en economía de la felicidad, se atrevió a cuantificar la barrera salarial a partir de la cual un incremento en los ingresos vuelve a las personas paulatinamente más infelices: 20.000 dólares (Se supone que dicha cifra es más que suficiente para cubrir nuestras necesidades básicas y aportarnos un margen de seguridad… ).

Otro pionero en este campo es Richard Easterlin, quien denomina a lo anterior como “ciclo hedónico”: Cuando alguien se hace rico y obtiene cierto bienestar material, se acostumbra rápidamente a su nuevo nivel de vida y lo asume como algo natural. Por mucho más que poseas, no serás más feliz (esto me hace pensar que tipos como Emilio Botín o Amancio Ortega, insaciables a la hora de amasar dinero, padecen una patología bastante grave).

Asimismo, la nueva economía del comportamiento (de la que Dan Ariely es uno de sus máximos exponentes), nos ha revelado que una persona con las necesidades básicas cubiertas comienza a medir su satisfacción por comparación con otros (en vez de hacerlo en función de sus ingresos absolutos). Es decir, el hecho de que nuestro cuñado gane más dinero que nosotros nos provocará una úlcera (evidentemente estoy bromeando, pero hay un trasfondo de verdad innegable). Así pues, todas estas investigaciones nos advierten contra la cultura de consumo basada en la imitación del estilo de vida de gente rica y famosa, ya que supone una fuente permanente de infelicidad y miseria emocional. Y es que la envidia es muy mala…

Y llegamos al final del post. Seguramente ya hayáis llegado a todas estas conclusiones por vuestra propia cuenta, pero siempre es gratificante encontrar apoyo académico. La economía de la felicidad y la economía del comportamiento son nuevas disciplinas que superan la economía convencional, y si hay algo que nos han enseñado es que el dinero da la felicidad… hasta cierto nivel cuantificable. A partir de ahí corremos el peligro de volvernos envidiosos y gilipollas…

Fuente: Capítulo 49 (La economía de la felicidad) del libro “50 cosas que hay que saber sobre economía”, de Edmund Conway.

Un link para saber más de este tema: Felicidad y desarrollo.


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